Diosa guía para niños
También conocida como Abeona, Annona.
Si Abeona era la diosa que protegía a los niños cuando partían de casa, Adeona era su contraparte: la divina guía que se aseguraba de que los pequeños encontraran el camino de regreso. Su nombre provenía del verbo «adire», que significa «llegar» o «aproximarse». Mientras que partir era acto de Abeona, llegar con seguridad era dominio de Adeona. Ambas diosas formaban un par complementario en la protección de los viajes infantiles: una abría la puerta, la otra custodiaba el retorno.
Los padres romanos, preocupados por la seguridad de sus hijos en un mundo sin teléfonos ni formas de comunicación rápida, encomendaban a Adeona toda clase de pequeños viajes cotidianos: la ida al mercado, el regreso de casa de un amigo, la primera aventura sin vigilancia en las calles de la ciudad. Era una divinidad profundamente práctica, dirigida a resolver una inquietud muy real de la paternidad antigua: ¿volverán mis hijos sanos y salvos? En el panteón romano, donde existía una deidad para casi cada necesidad específica, Adeona representaba la tranquilidad de saber que la jornada terminaría bien.
Como ocurría con muchas figuras menores del panteón romano, Adeona no disponía de templos grandiosos ni de festividades públicas. Su culto era doméstico y privado: la madre que ofrecía una pequeña oración al atardecer cuando su hijo tardaba más de lo esperado, el padre que murmuraba su nombre cuando enviaba a su hijo a un recado lejano. Esta proximidad con la vida cotidiana, lejos de los mármoles y los rituales públicos, probablemente la hacía más valiosa para la gente común de Roma, que veía en Adeona una protectora cercana, casi una compañera invisible en la tarea de cuidar a los pequeños.