No el Dios peruano de los ecos
También conocido como Ekako, Ekhekho, Ekkekko, Eq’eq’o.
Ekeko fue la deidad inca de la riqueza, la abundancia y la prosperidad material. Se lo representaba como una figura rolliza y alegre, casi enana, cuya naturaleza sonriente reflejaba la benevolencia del dios hacia aquellos que lo honraban. A diferencia de deidades más formales y majestuosas, Ekeko era accesible, humano en su jovialidad, y llevaba constantemente un saco sin fondo repleto de todas las cosas del hogar que un mortal podría desear: alimentos, herramientas, objetos de valor.
La práctica ritual dedicada a Ekeko incluía la creación de figuras o ídolos del dios, en las cuales los fieles colocaban pequeños objetos que representaban lo que esperaban recibir en el año siguiente: miniaturas de llamas para el ganado, monedas para la riqueza, semillas para las cosechas. Estos ídolos eran tratados con reverencia durante todo el año, y si un objeto se quitaba o se perdía, se creía que Ekeko retiraría su bendición. Pero si se mantenía la ofrenda íntegra, el dios proveería abundancia e incremento de la fortuna personal.
Ekeko ejemplificaba una característica notable de la religión inca: la disposición de los dioses a hacer tratos directos con los mortales, a cambiar bendiciones por devoción meticulosa. No era un dios lejano sino un socio en la prosperidad, alguien que escuchaba peticiones específicas y respondía con generosidad material. Su culto perduró más allá de la conquista española, y aún hoy figuras de Ekeko son populares en los Andes como símbolos de buena suerte y abundancia.