La familia del máximo dios inca del sol, Inti
Los Ayar fueron la familia de dioses ancestrales que emergieron de Pacariqtambo, la montaña sagrada, tras la catástrofe primordial que había sumido el mundo en la oscuridad. Estos cuatro hermanos y cuatro hermanas eran semidivinos, engendrados por Inti el dios del sol, y entre ellos irían a decidirse los destinos del imperio inca. No eran seres estáticos ni únicos en su naturaleza: los Ayar podían transformarse, morir, convertirse en piedra, en cerros, en símbolos vivos de la geografía sagrada que su presencia había creado.
Ayar Cachi fue el más problemático de los hermanos. Dotado de una fuerza destructiva, lanzaba rocas que excavaban valles y derribaba montañas con su caos, comportándose como una plaga viviente. Sus hermanos, cansados de los destrozos, lo persuadieron de volver a Pacariqtambo y sellaron la cueva tras él, encerrando sus impulsos destructivos. Ayar Uchu, otro hermano, se transformó voluntariamente en piedra sagrada, convirtiéndose en uno de los huacas fundacionales del imperio. Ayar Auca fue más afortunado: estableció dominio sobre las tierras fértiles del valle, convirtiéndose en un ancestro protector de las posesiones territoriales incas.
Pero el más importante fue Ayar Manco, quien emergería como Manco Capac, el fundador del imperio. Junto a su hermana y esposa Mama Ocllo, Ayar Manco peregrinó desde Pacariqtambo hasta el valle del Cusco, llevando consigo el bastón de oro de Inti. Allí fundó la dinastía que gobernaría el Tawantinsuyu. Los Ayar no eran personajes pasados: eran ancestros vivientes cuyos transformaciones seguían moldeando el mundo inca.