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Dioses y Diosas

Kubera

Dios hindú de la riqueza

Dios enano extremadamente rico

Kubera es el dios hindú de la riqueza y la abundancia, un magnate cósmico cuya opulencia es legendaria. A diferencia de muchos dioses que son retratados como ascéticos dedicados a la espiritualidad pura, Kubera es explícitamente un dios de la riqueza material. No es tortuoso ni se cuestiona la rectitud de su obsesión con el oro, sino que es celebrado como el dios que ayuda a los ricos a volverse aún más ricos, exactamente lo opuesto a un dios de la caridad. Su nombre significa literalmente « deformado », refiriéndose a su aspecto poco convencional.

Kubera es típicamente retratado como un enano repulsivo repleto de joyas y adornos costosos: es horrible a la vista, corpulento, tiene tres piernas pero solo ocho dientes, un solo ojo, y un bigote particularmente extraño. Su apariencia física es deliberadamente desagradable, sugiriendo que la verdadera riqueza nada tiene que ver con belleza o elegancia, sino simplemente con la acumulación de valor material. Aunque es físicamente repugnante, es incalculablemente rico, haciendo la verdad de que la belleza no es esencial para la riqueza.

El símbolo definitorio de Kubera es su Pushpaka Vimana, un carro volador de tamaño colosal capaz de contener una ciudad entera. Se dice que es la carroza más grande y más magnífica jamás construida, un vehículo tan inmenso que puede transportar ejércitos, aunque su propósito principal es permitir a Kubera viajar entre sus innumerables tesoros distribuidos por todo el universo. Incluso esta carroza no está a salvo de la corrupción divina: el demonio Ravana la robó en algún momento, demostrando que incluso los dioses más ricos no son inmunes al crimen.

Kubera no se preocupa por tales pérdidas. Es uno del 1% de los dioses, tan rico que la pérdida de un carro, incluso uno del tamaño de una ciudad, es apenas un inconveniente. Él preside sobre los espíritus de la naturaleza Yaksha y Yakshi que custodian los tesoros del mundo. A Kubera se le ora por bendiciones de riqueza y prosperidad material, aunque la tradición hindú frecuentemente advierte que la riqueza sin dharma (virtud moral) es tanto una maldición como una bendición.

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