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Dioses y Diosas

Hayicanako

Diosa de la Tierra Tlingit

Diosa anciana que tiene el mundo en un palo

Hayicanako es la Diosa de la Tierra en la mitología Tlingit, una anciana de proporciones cósmicas que habita debajo de toda la creación. Es ella quien sostiene literalmente el planeta, manteniéndolo en su posición mediante un gigantesco poste que ella misma sostiene. Imagine la visión: una mujer anciana de tamaño desmesurado de pie en un abismo cósmico, sus brazos y espalda cargando el peso de un universo entero.

La responsabilidad de Hayicanako no es pasiva. Ella no simplemente sostiene el poste en un estado de reposo; lo agita deliberadamente cuando está descontenta. Estos movimientos crean terremotos: los temblores que la tierra mortal experimenta no son eventos geológicos aleatorios, sino expresiones del disgusto divino de Hayicanako. Cada terremoto es un mensaje, una manifestación de su ira o su insatisfacción con el estado de los asuntos mortales.

Los pueblos Tlingit comprendían que había una manera de comunicarse con Hayicanako, de aplacar su ira. El método ritual para hacer esto era verter grasa derretida en un fuego, permitiendo que goteara lentamente hacia abajo, atravesando los planos del mundo, llegando finalmente hasta donde se encontraba Hayicanako en las profundidades. El olor y la sustancia de la grasa ascendente era un regalo, una ofrenda de paz que suplicaba a la anciana diosa que cesara de agitar su poste, que permitiera que la tierra permaneciera quieta.

La descripción más imaginativa sugiere que Hayicanako sostiene la tierra como uno podría sostener una manzana de caramelo en un palo: con la punta del palo atravesando el mundo desde arriba hasta abajo, soportando todo lo que existe en su punto central. Si alguna vez soltara ese palo, todo se desmoronaría en el vacío cósmico.

Otra ficha al azar