Alegre dios del cuchillo de la matanza ritual
También conocido como Itzli.
Itztli era el dios del cuchillo de obsidiana, el guardián de los instrumentos sagrados del sacrificio ritual. No era una deidad grande ni compleja: su función era específica y bien definida. Pero en una civilización donde el sacrificio era acto religioso cotidiano, un dios dedicado a los cuchillos ocupaba un lugar de importancia inesperada.
Los cuchillos de sacrificio aztecas no eran las armas oscuras y terroríficas que la imaginación moderna podría inventar. Al contrario, estaban cuidadosamente decorados, adornados con pequeñas caras hermosas con los ojos muy abiertos y rasgos regulares. Los aztecas no ocultaban la verdad de sus rituales bajo convenciones falsas: el cuchillo era hermoso precisamente porque lo que hacía era sagrado, no a pesar de ello.
En las representaciones artísticas, Itztli tenía expresión de alegría. No era el dios lúgubre de la muerte sino el ministro de la transformación divina. Para los aztecas, el sacrificio no era castigo sino comunión, acto de voluntaria entrega del ser humano a los propósitos cósmicos. Itztli facilitaba esa entrega con el instrumento adecuado, bendecido, decorado, casi diría que bellamente diseñado.
La presencia de Itztli en los templos recordaba que cada acto ritual tiene un instrumento, que los herramientas de la religión no son menos sagradas que los dioses a los que sirven. Su adoración era sencilla pero profunda: era un reconocimiento de que algunos dioses administran funciones específicas, y que incluso en la muerte, la belleza y la dignidad pueden coexistir.