Antiguo dios de los vendedores y comerciantes ambulantes
También conocido como Yiacatecuhtli.
Yacatecuhtli era el dios azteca del comercio y la mercancía, patrono de los mercaderes ambulantes conocidos como Pochtecas. Su nombre se interpreta habitualmente como «Señor de la Nariz» o «Señor de la Vanguardia», una referencia al hecho de ser quien iba al frente de toda caravana comercial, literalmente con la nariz por delante. Los Pochtecas eran un gremio de comerciantes de alto rango que viajaban por tierras lejanas y peligrosas, actuando en ocasiones como espías para el Estado azteca, y reverenciaban a Yacatecuhtli como su protector y garante del éxito en los negocios.
Los Pochtecas rendían un culto particular a este dios durante sus viajes. Cuando una caravana mercante debía pasar la noche en territorio desconocido, construían una efigie rudimentaria del dios utilizando sus propios bastones de viaje, colocándola de cara al camino que debían recorrer al amanecer. De este modo, Yacatecuhtli custodiaba sus mercancías mientras los comerciantes descansaban, protegiéndolos de los peligros del camino y asegurando que sus riquezas no fuesen robadas. Esta práctica refleja la ansiedad inherente a un viaje comercial en un mundo sin carreteras seguras ni posadas establecidas.
Su iconografía incluía un bastón o vara que llevaba en alto, símbolo de la autoridad mercantil y de su capacidad para guiar a quienes lo seguían. A veces se lo representaba con una cruz, que servía como marca de buen augurio para las transacciones. Los comerciantes ofrecían sacrificios e incienso al dios antes de emprender sus expediciones, pidiendo su bendición no solo para vender bien, sino para regresar vivos a casa. Su culto estaba profundamente entrelazado con la estructura política azteca, pues los Pochtecas ocupaban un lugar peculiar en la sociedad: aunque eran mercaderes, gozaban de prestigio y de funciones estatales que iban más allá de lo comercial.
La figura de Yacatecuhtli evidencia cómo los aztecas integraban el comercio dentro de su cosmovisión religiosa, reconociendo que la prosperidad material dependía del equilibrio divino. A diferencia de culturas que venían el comercio como actividad puramente laica, los mexicas veían en el Pochteca una profesión prácticamente sagrada, protegida y bendecida por los dioses. Aunque el imperio azteca sucumbió hace más de cinco siglos, la veneración de Yacatecuhtli refleja un aspecto poco visible de Mesoamérica: la importancia de las rutas comerciales y los mercaderes como artesanos de la riqueza y el conocimiento.