Dios de los huracanes
Si los Ao son la dinastía de nubes de Tawhirimatea, entonces Apu-Hau es su hijo rebelde. Mientras que el dios del viento preside sobre el movimiento del aire en general, Apu-Hau personifica específicamente los huracanes: no el viento ordinario, sino la versión enfurecida, destructiva y prácticamente incontrolable de ese mismo fenómeno. Es furia meteorológica pura, energía cinética sin freno alguno.
La figura de Apu-Hau en la mitología maorí representa el aspecto más salvaje del dominio atmosférico. Donde otros dioses del viento poseen cierta dignidad o propósito, Apu-Hau es puro caos. Es el tipo de deidad que actúa no porque haya una razón cósmica evidente, sino simplemente porque así es su naturaleza: arrebatador, destructivo, impredecible. Los huracanes no avisan amablemente; arasan sin consideración.
La veneración de Apu-Hau era fundamentalmente práctica. No era una deidad que mereciera devoción o que buscara ser complacida; era una que demandaba defensa y precaución. Su nombre evocaba temor instintivo en las comunidades costeras del Pacífico, donde un huracán podía destruir en horas lo que llevaba años construir.
Sin embargo, como con muchas deidades tempestuosas en la mitología polinesia, Apu-Hau también poseía cierta fascinación. La furia sin control tiene su propio tipo de poder magnético. Reconocer a este dios significaba aceptar que algunos fenómenos simplemente escapan al dominio humano, y que esa indomabilidad es, en sí misma, divina.