Dios del cielo
También conocido como Ranginui.
Rangi es el Dios del Cielo en el panteón maorí, la personalización de la bóveda azul, la dimensión superior del cosmos. Su identidad completa es Ranginui, nombre que enfatiza su vastedad. Desde su posición en las alturas, Rangi observaba a los dioses inferiores, y con el tiempo se enamoró profundamente de Papa, la Diosa Madre de la Tierra. Este amor era absoluto, incondicional, consumidor.
La pasión de Rangi por Papa fue tan intensa que sus cuerpos nunca se separaban. Permanecían perpetuamente abrazados, tan estrechamente unidos que no había ni un resquicio de luz entre ellos. El espacio entre el cielo y la tierra se convirtió en una caverna de oscuridad. Los hijos que nacieron de su unión —Rongo, Tane, Tu y otros— se encontraron atrapados en esa penumbra constante, sin espacio para moverse, sin posibilidad de crecimiento. La presión paterna era literalmente asfixiante.
Eventualmente, Tane, el más fuerte de sus hijos, decidió intervenir. Con determinación sobrehumana, comenzó a empujar, a separar lentamente a sus padres. Durante días, semanas, años de esfuerzo titánico, Tane presionó contra el cielo, levantándolo gradualmente. Rangi y Papa se resistían, terriblemente apenados por su separación inminente, pero la necesidad cósmica de la luz fue más fuerte que su amor simbiótico.
Cuando finalmente se separaron, la luz inundó el mundo. Las plantas comenzaron a crecer. Pero Rangi lloró tan amargamente que sus lágrimas cubrieron la tierra en forma de océanos. Mientras tanto, Papa suspiraba con dolor, y esos suspiros se convirtieron en las nieblas y nubes que aún hoy flotan entre el cielo y la tierra.