El dios del bacalao y el padre de la pesca
En la mitología de los pueblos aborígenes australianos, Ngurunderi es un dios de importancia considerable, particularmente entre aquellos pueblos cuya existencia estaba íntimamente ligada a los ríos y a la pesca. Es el señor de los peces y el patrón de todos aquellos que viven de la captura acuática.
Según la tradición mitológica, Ngurunderi emprendió una persecución extraordinaria que marcaría el paisaje de Australia de manera permanente. Su presa era un bacalao de tamaño colosal, una criatura tan inmensa que su mero movimiento a través del territorio dejaba una huella profunda y duradera. Mientras el pez gigante se retorcía y luchaba por escapar del cazador divino, su cuerpo abrió un canal profundo en la tierra. Este canal se convirtió posteriormente en el río Murray, uno de los cursos fluviales más importantes del continente australiano.
La persecución fue larga e implacable. Finalmente, Ngurunderi alcanzó a su monumental presa en la orilla del mar. En lugar de simplemente matar al pez, el dios realizó un acto de creación: procedió a descuartizar al bacalao y a asignar un nombre específico a cada fragmento. Cada pieza de aquel pez primordial, una vez nombrada, adquirió existencia independiente y se sumergió en las aguas como un pez distinto. De esta manera, Ngurunderi no solo alimentó el mundo con la abundancia acuática, sino que fundamentó la diversidad de la vida marina.
Este acto de Ngurunderi representa un tema central en la mitología aborigen australiana: la creación mediante la división y la transformación. El pez original único se convirtió en la multitud de especies que pueblan los ríos y mares. Ngurunderi quedó así como el patrón divino de la pesca, el dios que enseñó a los hombres que el agua podía proveer abundancia si se sabía dónde buscar y cómo honrar a aquellos seres que habitan en ella.