Diosa de la guerra
También conocida como Andrasta.
Andraste era una diosa de la guerra venerada por los pueblos britanos, y su importancia histórica va más allá de lo que sugieren los escasos textos que la mencionan. Lo que sabemos de ella proviene principalmente de Dion Casio, historiador romano que la sitúa en el siglo I de nuestra era, durante la revuelta de Icenia dirigida por Boudica. Según esta fuente, Boudica invocó a Andraste antes de sus batallas contra los romanos, considerándola protectora de los guerreros.
La diosa parece haber sido venerada principalmente en lo que hoy es el este de Inglaterra, en territorios de tribus celtobritanas. Su nombre ha sido interpretado de varias formas por los estudiosos, aunque sin certeza absoluta: algunos lo relacionan con palabras que significarían «invencible» o «no vencida», lo cual concuerda con su papel como deidad marcial. Que fuera lo bastante importante para ser invocada en momentos críticos de resistencia contra la ocupación romana dice mucho de su prestigio entre los pueblos que la adoraban.
Como sucede con muchas deidades de la antigua Britania, los detalles de su culto, sus símbolos y sus atributos específicos se han perdido en el tiempo. Lo que permanece es una imagen de poder guerrero y protección, una diosa que encarnaba la resistencia de los pueblos britanos frente a la conquista. Su mención en las crónicas romanas la convierte en una de las pocas diosas celtobritanas cuyo nombre trascendió a la historia, aunque fuera de manera oblicua.