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Dioses y Diosas

Jigoku

Lugar legendario japonés

Es el infierno

También conocido como Naraku.

Jigoku es el infierno en la cosmología budista japonesa, aunque no exactamente en el sentido occidental. No es un lugar de castigo eterno ni el reino de un demonio supremo, sino un estado transitorio donde las almas se enfrentan a las consecuencias de sus acciones pasadas. Es uno de los varios reinos en los que pueden renacer los seres vivos según su karma, tan solo uno en la rueda cósmica de existencia y muerte.

Las descripciones tradicionales de Jigoku son sombrías y aterradoras: ríos de fuego, montañas que se desmoronan, frío extremo en algunos sectores del infierno en capas, seres guardias demoníacos que ejecutan castigos específicos según la naturaleza del pecado cometido. Sin embargo, incluso en medio de este horror, existe una esperanza central del budismo: ningún ser permanece en Jigoku eternamente. Cuando el karma se agota, la reencarnación continúa hacia un destino mejor o peor según las acciones futuras.

En el budismo japonés, Jigoku fue imaginado como una región subterránea accesible desde el mundo de los vivos, un lugar donde descendían los shaman, los deudores de favores y los condenados en vida. El rio seco que la atraviesa se menciona en varios textos clásicos como una frontera entre el mundo conocido y ese abismo desconcertante.

A diferencia del infierno cristiano, la existencia de Jigoku serve un propósito didáctico más que vengador: recuerda a los vivos que sus acciones tienen consecuencias que trascienden esta existencia. Es un llamado a la virtud, no por miedo a un castigo infinito, sino por comprensión de las leyes morales que tejen la realidad.

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