Guardián de la Justicia con cara de cerda
También conocida como Dorje-Pakmo.
Vajravarahi es una deidad tibetana cuyo nombre sánscrito significa «la Cerda de Diamante», aunque la forma tibetana de su nombre es Dorje-Pakmo. Es una de las figuras más enigmáticas y poderosas del budismo tibetano tántrico, aunque desconocida en tradiciones budistas más pacíficas u orientadas a la contemplación serena. Su género femenino es deliberadamente significativo, pues aunque el budismo tibetano cuenta con numerosas deidades femeninas, ninguna combina tan explícitamente poder judicial con apariencia zoomórfica.
Representa completamente roja, Vajravarahi encarna la energía primordial desbordante de la consecución espiritual sin restricciones convencionales. Su expresión facial combinaba rasgos de cerda salvaje con una belleza feroz casi insoportable para la mente condicionada. Se dice que preside el lado occidental del valle de Katmandú, desde donde extiende su vigilancia sobre la región. A diferencia de otros guardianes celestiales cuya función es mantener el orden establecido, Vajravarahi es guardiana de la justicia transcendental que ve más allá de las leyes mundanas y actúa según el karma último.
La iconografía de Vajravarahi incluye características que enfatizan su poder y flexibilidad. Posee la capacidad de adoptar cualquier forma según la necesidad, aunque su encarnación preferida es la de una cerda salvaje cuando siente la necesidad de pisotear enemigos hasta la muerte. Esta habilidad de metamorfosis refleja una enseñanza central del budismo tibetano: que la realidad no es rígida sino fluida, que la identidad es convención y no sustancia, y que el poder verdadero surge cuando se abandona el apego a la forma fija.
Las representaciones artísticas la muestran bailando en posturas desafiantes, pisoteando a demonios y figuras que representan aspectos del ego que deben ser erradicados. Su presencia en rituales y meditaciones tantricas es considerada transformativa pero exigente. No es una deidad para quienes buscan consuelo pasivo sino para practicantes radicalmente comprometidos con la erradicación de la ignorancia y la ilusión, dispuestos a confrontar verdades incómodas sobre la naturaleza de la existencia.