El Principio Masculino del Universo, y perfecto opuesto al Yin
Yang es el principio masculino del universo—la mitad activa, brillante, agresiva y en permanente movimiento de la dualidad cósmica fundamental del taoísmo. Se manifiesta en todas las formas de energía potente: la luz del sol, el resplandor de las estrellas, el brillo de las bombillas eléctricas, la energía radiante que todo lo penetra. Los taoístas perciben el Yang como fuerte, exitoso, ruidoso, impetuoso y absolutamente en tu cara en su manifestación. Es la fuerza que impulsa, que avanza, que conquista.
El Yang existe en perfecta interdependencia con su opuesto complementario, el Yin. Juntos constituyen la totalidad del universo, cada uno definiendo y validando al otro. Aunque el Yang es claramente favorable—el principio del éxito y el poder—no es superior al Yin. Ambos son igualmente necesarios, igualmente poderosos, igualmente auténticos. Solo cuando están en equilibrio perfecto, cuando ninguno predomina desproporcionadamente, el universo funciona de manera óptima.
Cuando el Yang se desequilibra—cuando hay exceso de su energía sin suficiente moderación de Yin—surgen calamidades. La enfermedad puede resultar del Yang excesivo que quema el cuerpo desde adentro. La arrogancia, la agresión sin propósito y la ambición destructiva son síntomas de Yang descontrolado. El equilibrio es la clave; y existe incluso una deidad asociada específicamente con el Yang: Mu Gong, el Señor Yang, quien asegura que esta fuerza crítica se mantenga en su nivel óptimo.