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Dioses y Diosas

Ba-Pef

Dios del terror egipcio

Un Dios de la desdicha y el espanto

Ba-Pef es un dios oscuro y poco frecuente en los registros de la religión egipcia, una deidad que parece haber existido más en los textos funerarios que en el culto público. Su nombre mismo es enigmático: en la lengua egipcia antigua, « Pef » era un eufemismo, una palabra que aludía a algo innombrable o demasiado terrible para ser pronunciado directamente. Los Textos de la Pirámide, esos antiguos documentos que registraban hechizos y guías para los faraones difuntos, menciona a Ba-Pef, aunque sus descripciones son intencionadamente vagas.

Según los Textos de la Pirámide, Ba-Pef tiene una casa o un dominio propio en el Inframundo, pero es un lugar de desdicha y padecimiento. Se describe a Ba-Pef como un dios desventurado, alguien o algo que existe en un estado de perpétua angustia. No es claro si Ba-Pef causa esa angustia o si simplemente la habita, si es un verdugo o una víctima más. Esta ambigüedad es característica de las deidades menores dedicadas a aspectos negativos de la existencia: los antiguos comprendían que había que reconocer el mal, la angustia y el sufrimiento, aunque fuese de forma oblicua.

Poco se sabe sobre cómo era adorado Ba-Pef, si es que lo era en algún sentido convencional. No hay indicios de templos públicos o de ritos colectivos dedicados a él. Su mención en los Textos de la Pirámide sugiere que era una figura de la que los muertos, en su paso por el Inframundo, debían estar prevenidos o quizás a la que debían eludir. Como deidad del terror y la desdicha, Ba-Pef pertenecía al lado oscuro del cosmos, al espacio donde habitaban fuerzas que los vivos preferían ignorar.

Su existencia en la mitología es así liminal, un nombre que aparece en fragmentos, sin desarrollo narrativo, sin historias heroicas ni aventuras divinas. Ba-Pef es más un recordatorio de que los antiguos también tenían necesidad de nombrar lo terrible, de reconocer que en el universo hay fuerzas que no son buenas, ni fecundas, ni luminosas. Es la sombra que todo panteón requiere para completarse.

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