Dios egipcio de los retretes
Dua es un dios poco conocido de la religión egipcia, especializado en asuntos de higiene pública y saneamiento. Aunque su nombre rara vez aparece en los grandes mitos o en narraciones épicas, su función en la sociedad cotidiana era importante. Dua presidiía sobre la limpieza de los espacios comunes, la purificación de las aguas, la eliminación de residuos. En una civilización dependiente del Nilo y de la agricultura, la higiene y la sanidad eran asuntos de vida o muerte.
En los templos y en los hogares, se invocaba a Dua para asegurar que los espacios se mantuvieran limpios, libres de plagas y enfermedades. Las aguas contaminadas traían epidemias; la suciedad invitaba a la pestilencia. Dua era, en cierto sentido, un guardián de la salud pública, una deidad que operaba en el trasfondo, sin el esplendor de los grandes dioses solares pero con una importancia práctica innegable. Sus funciones eran las que la gente común necesitaba, aunque rara vez pensara en él conscientemente.
Dua representa un aspecto de la mitología que los modernos frecuentemente pasamos por alto: no todos los dioses son majestuosos o dramáticos. Algunos, como Dua, son los dioses del trabajo rutinario, de la mantención, de los detalles necesarios que permiten que una civilización funcione. Su culto no era elaborado ni popular, pero era sincero donde existía, especialmente entre quienes se dedicaban a tareas de limpieza y saneamiento.
Aunque Dua desapareció de la memoria histórica cuando la religión egipcia fue suplantada, su legado es interesante: reconoce que los antiguos comprendían que la higiene era sagrada, que el orden y la limpieza eran funciones divinas. En un mundo sin antibióticos ni ciencia médica moderna, la superstición asociada a Dua era quizás la única defensa que tenían contra la enfermedad.