Pelícano de los muertos
Henet era una diosa pelícano, forma animal que representaba a esta volátil negra de largo cuello y bolsa capacísima bajo la mandíbula. Su nombre en egipcio significaba precisamente eso: pelícano. Como tantas deidades animales de Egipto, llevaba su naturaleza en el nombre, fundiéndose la bestia y lo divino en una sola palabra.
Asimismo, se la conocía como « La Madre del Rey », un título que le otorgaba cierta importancia ceremonial aunque los detalles de su veneración se pierden en la neblina de los siglos. En los Textos de las Pirámides, textos funerarios de gran antigüedad, Henet aparece como una guía de los difuntos, una conductora de almas en su travesía por el inframundo. Se decía que el pelícano, pájaro asociado al agua y a la supervivencia en ambientes inhóspitos, ofrecía protección a los espíritus que navegaban por las oscuras aguas del más allá.
La imagen de un pelícano como diosa guardiana del viaje post mortem resulta curiosa para la sensibilidad moderna, pero para los antiguos egipcios el pelícano era un ave de poderes incontestables. Su capacidad para bucear profundamente en el agua, su paciencia al pescar, su supervivencia en las orillas del Nilo la convertían en un símbolo natural de resistencia y de viaje a través de realms peligrosos. Henet, por tanto, encarnaba la idea de una protección maternal en la transición más abrupta que el ser humano experimenta.