Dios del inframundo oscuro y lúgubre
Donn, el Oscuro, era el dios del inframundo en la mitología irlandesa, un señor de los difuntos cuya naturaleza misma era reflejo de los aspectos más sombríos y lúgubres de la existencia. Su dominio abarcaba todo aquello que yacía bajo tierra, en las profundidades, en los lugares donde la luz nunca llegaba y donde descansaban los muertos.
Lo que caracterizaba de manera particular a Donn era su afinidad por los naufragios. Mientras otros dioses celtas se ocupaban de aspectos de la naturaleza más benigno o al menos explicable, Donn se regocijaba en los desastres marítimos, en esos momentos de caos cuando las aguas se encrespaban, los barcos se estrellaban contra las rocas y los hombres descendían hacia su reino de oscuridad. No era un dios sádico exactamente, sino más bien una expresión inevitable de fuerzas que escapaban al control de los mortales: la muerte llegaba con la tempestad, y Donn aguardaba a sus víctimas con paciencia eterna.
En la cosmología irlandesa, Donn no era un antagonista a ser combatido sino una realidad inevitable que debía ser comprendida y respetada. Su culto reflejaba una visión del más allá menos como castigo y más como una permanencia en otro estado de existencia, una transición que todos, guerreros y reinas, terminaban por experimentar bajo su reinado silencioso.
Su imagen perdura como la del dios que aguarda en las profundidades, indiferente a los sufrimientos de los vivos, inexorable como la muerte misma.