Diosa de la lluvia
Abeguwo es la diosa melanesia de la lluvia, una deidad cuya relación con la hidratación del mundo es tan directa como crudamente práctica. Vive en los cielos, observando el planeta desde arriba, y cuando tiene necesidad de orinar, simplemente actúa sin restricción o pudor alguno. El resultado es precipitación torrencial en toda la tierra. La lluvia que cae, los aguaceros que azotan campos y ciudades, el agua que nutre las cosechas: todo es, literalmente, una manifestación de las funciones corporales de Abeguwo.
Esta visión de la lluvia revela la franqueza característica de la mitología melanesia: no busca embellecimiento poético ni distancia reverencial. La lluvia es lo que es: descarga líquida de la diosa. El proceso no es sagrado en el sentido etéreo, sino en el sentido de ser efectivo y inevitable. Abeguwo no puede contenerse, ni debería hacerlo. Su función corporal es función cósmica.
La concepción de Abeguwo como generadora de lluvia a través de micción no es burla de la diosa, sino reconocimiento de su poder absoluto. No tiene que pedir permiso, no tiene que coordinar con otros dioses. Simplemente necesita, y el mundo entero recibe lluvia como consecuencia. Su independencia es total, su autoridad incuestionable. Es diosa porque tiene poder; el método específico de ese poder es irrelevante ante su efectividad.
Para los pueblos melanesios, Abeguwo representaba la verdad de que la naturaleza no observa los estándares de modestia humana. La lluvia llega cuando Abeguwo siente la necesidad, sin avisos ni consideraciones por los planes terrenales. Respetar a esta diosa significaba aceptar que ella obedecía leyes divinas, no sociales.