Dios creador que dio vida a la muerte
Ruhanga es una de las manifestaciones del dios creador del pueblo banyoro, una deidad que actúa en la mitología como expresión del poder supremo bantú. Ruhanga es igualmente conocido por otros nombres divinos equivalentes: aparece como Rugaba, también como Kazooba, formas diferentes del mismo principio creador manifestado en contextos distintos. Su poder abarca la creación, el gobierno del universo y las decisiones que determinan el destino de mortales e inmortales.
Según la mitología, Ruhanga se propuso un acto generoso sin precedentes: erradicar la muerte del mundo. Imagin un universo donde la mortalidad fuera eliminada, donde nadie experimentara pérdida ni duelo, donde el flujo de la vida fuera perpetuo e ininterrumpido. Para esta utopía, Ruhanga decretó que la muerte desaparecería: que no hubiera más llanto, que reinara la alegría eterna, que los cantos y los bailes nunca cesaran entre la humanidad.
Pero un anciana se presentó ante el dios desafiando su decreto. Su perro había muerto, y ella se negaba a participar en la felicidad universal mientras su compañero yacía inmóvil en el suelo. «¿De qué sirve la vida eterna si no puede ser compartida con quien amamos?», preguntó. Sus lágrimas y su dolor inquebrantable hicieron que Ruhanga reconsiderara. En un arrebato de frustración ante la obstinación del duelo humano, el dios revirtió su regalo: devolvió la muerte al mundo, haciendo que todos los seres, sin excepción, quedaran nuevamente sujetos a la mortalidad. Una anciana transformó el destino de la humanidad entera, y Ruhanga aprendió que incluso los dioses no siempre pueden imponer la felicidad cuando el corazón humano se aferra al dolor.