Top Dios enloquecido por el comportamiento humano
Wulbari es el dios gobernante de los krachi, pueblo de Ghana. Su figura mitológica encarna un tema recurrente en las cosmologías africanas: la frivolidad humana que exaspera incluso a los seres divinos más pacientes, llevando finalmente al alejamiento de los dioses del mundo mortal.
En los tiempos primordiales, Wulbari residía en el cielo pero mantenía un contacto directo con los humanos, gobernando sobre ellos con benevolencia. Los krachi vivían bajo su protección directa, disfrutando de los beneficios de su atención divina. Sin embargo, esta proximidad celestial eventualmente llegó a su fin, precipitada por un incidente aparentemente trivial.
Una mujer anciana de la tierra estaba preparando su comida sobre una hoguera cuando el humo se elevó demasiado alto, alcanzando directamente los ojos del dios que observaba desde arriba. El humo, irritante y persistente, ofendió gravemente a Wulbari. Aunque podría parecer un motivo menor para la acción divina, fue la gota que colmó el vaso de una paciencia ya agotada por las innumerables pequeñas ofensas e irreverencias de los humanos.
Profundamente molesto, Wulbari decidió retirarse del mundo. No ejecutó venganza ni envió plagas cataclísmicas, simplemente se marchó. Se llevó consigo un séquito peculiar: únicamente animales y Anansi, la deidad araña cuya naturaleza arlequinesca lo hacía una compañía apropiada para el alejamiento celeste. La retirada de Wulbari marcó un cambio fundamental en la relación entre dioses y humanos: ya no habría protección directa, ya no habría intervención personal.
El mito de Wulbari refleja una verdad que muchas culturas comprenden: que la distancia entre los mundos divino y humano existe porque los mortales, a menudo sin malicia pero sí con negligencia, la generan mediante sus acciones descuidadas.