La Diosa de los disgustos
Utset es la diosa del maíz de los pueblos pueblo del Nuevo México, venerada especialmente entre los zia. Su figura es central en la mitología agraria de estos pueblos, pues el maíz era—y es—el cultivo más importante para su supervivencia. A diferencia de muchos dioses del maíz que simplemente proporcionan la cosecha, Utset tiene un carácter más complejo, marcado por la emoción y la acción directa.
Según los relatos, cuando el Mundo Inferior se vio azotado por una catástrofe de proporciones apocalípticas—una inundación primordial que amenazaba con destruir toda vida—Utset fue quién actuó con decisión. Mientras muchos hubieran sucumbido al pánico, ella movilizó toda su energía para rescatar a la mayoría de los habitantes del mundo sumergido. Los sacó del Mundo Inferior y los condujo hacia el Mundo Superior, salvándolos de la aniquilación. Entre sus posesiones más preciadas había un saco lleno de estrellas, un tesoro que encargó al Escarabajo que guardase. Sin embargo, el Escarabajo resultó no ser completamente digno de confianza. En un acto de negligencia o traición, alteró el saco y permitió que las estrellas se dispersaran por todo el cielo nocturno, un desastre cósmico que Utset intentó contener recolectando lo que podía, logrando atrapar solo unos cuantos planetas antes de darse cuenta del alcance de la catástrofe.
Pero lo más profundo de la leyenda viene después. Utset, golpeada por el dolor de haber salvado a tanta gente solo para descubrir que ahora carecían de los medios para subsistir, se sintió consumida por la angustia. En un acto de sacrificio autotransformador que evoca la mitología de la fertilidad universal, arrancó trozos de su propio corazón y los plantó en la tierra. Esos fragmentos divinos brotaron, crecieron y florecieron, convirtiéndose en plantas de maíz. Cada vez que comemos una mazorca, según la tradición pueblo, consumimos un pedazo del corazón de Utset, una conexión literal y espiritual con la diosa que se entregó a sí misma para que su pueblo pudiera vivir.