Dios de la población de la segregación por sexos
Na Kaa es el dios creador de Kiribati en la mitología gilbertesa, responsable no solo de la formación del mundo físico, sino también de la estructura fundamental de la sociedad humana. Su intervención en la creación va más allá de lo material: alcanza la organización social y el destino de la mortalidad humana.
En el relato de la creación gilbertesa, Na Kaa creó un magnífico jardín y en él plantó dos árboles de extraordinaria belleza. Reconociendo que los humanos recién creados podrían causar problemas si vivían en proximidad cercana, Na Kaa ideó una solución única: asignar a cada sexo su propio árbol. Las mujeres fueron destinadas a sentarse bajo un árbol, los hombres bajo el otro, separados pero en el mismo jardín. A cada grupo se le dieron instrucciones explícitas de permanecer junto a su árbol asignado, sin mezclarse ni mirar atrás.
Sin embargo, antes de partir en un viaje urgente, Na Kaa cometió lo que parecería una imprudencia: convocó a ambos grupos y les reveló la existencia mutua. Les dijo que se mantuvieran en sus árboles, que no se mezclaran. Esta revelación fue fatídica. Apenas desapareció Na Kaa de la vista, los humanos, consumidos por la curiosidad y la excitación de conocer al otro sexo, abandonaron sus árboles asignados y se congregaron bajo el mismo árbol, aquél más cercano.
Al regresar, Na Kaa les informó de su error con frialdad: habían elegido el Árbol de la Muerte. El otro árbol, abandonado, era el Árbol de la Vida que habría garantizado su inmortalidad. Como castigo por su desobediencia, toda la humanidad quedó condenada a la mortalidad. Este mito explicaba, en la cosmología gilbertesa, por qué los humanos son mortales mientras que los dioses son eternos, y cómo el deseo de proximidad entre sexos había costado a la humanidad la vida eterna.
Na Kaa representa así el dios legislador que establece límites, cuya autoridad es absoluta pero cuya compasión es limitada. Su mito servía para justificar tanto la separación de sexos en contextos rituales como la inevitabilidad de la muerte humana, dos aspectos fundamentales de la condición humana en la mitología de Kiribati.