¿Gato-pez? ¿Pez-perro? Él
Taburimai es el dios de los peces en la mitología gilbertesa, una deidad cuya existencia se define por la transformación, la salvación y la unión inesperada de reinos. Su historia es una de las más complejas del panteón de Kiribati, pues encarna la posibilidad de trascender los límites naturales de origen y destino.
La peculiaridad más notable de Taburimai es que, a diferencia de sus hermanos acuáticos, posee brazos y piernas. Mientras que sus hermanos permanecen como peces puros —incluyendo a Teanoi, quien es un tiburón cabeza de martillo— Taburimai fue dotado de una forma humanoide. Este don lo hace único, un puente entre dos mundos. Su padre, Bakoa, una divinidad acuática, observaba a su hijo con una mezcla de orgullo y preocupación. La preocupación era justificada: los hermanos menores de Taburimai conspiraron para acabar con él, celosos quizás de su diferencia, resentidos por los favores divinos que parecía recibir.
Cuando la conspiración se reveló, fue Teanoi, el hermano tiburón, quien actuó como salvavidas. A pesar de ser un pez completamente acuático, Teanoi poseyó la virtud de la lealtad familiar. Rescató a Taburimai del peligro y lo sacó del mundo acuático, llevándolo a las islas tierra adentro. Bakoa, agradecido, recompensó a Teanoi con la posibilidad de ascender a los cielos, donde ahora nada eternamente en los mares celestiales, libre de preocupaciones.
Una vez a salvo en la tierra, Taburimai experimentó una transformación en su destino. Libres de las cadenas del origen acuático puro, sus brazos y piernas le permitieron interactuar con el mundo de forma diferente. Fue entonces cuando conoció a Te-Reere, la diosa sagrada de los árboles, una deidad de la tierra que había permanecido solitaria en su dominio vegetal. Se enamoraron, un amor que unía los reinos de agua y tierra, de animales y plantas. De su unión brotó una nueva forma de vida, una progenie que combinaba elementos de ambos mundos, poblando las islas Gilbert con nuevas formas de existencia.
Taburimai representa así la transformación a través del sacrificio ajeno, la redención mediante la lealtad, y la creación de nuevas posibilidades cuando se rompen las fronteras entre mundos. Su matrimonio con Te-Reere simboliza la fertilidad que surge de la unión entre reinos diferentes, la idea de que la vida misma prospera cuando las barreras se desmorona.