Dios egipcio del grano
Neper es el dios de los cereales, una deidad cuyos dominios abarcan todo lo que brota en los campos de Egipto y se cosecha en verano. Su nombre significa literalmente « el Segador », aunque no es la muerte quien trae sino la abundancia y la supervivencia. Los granos que custodia —trigo, cebada, centeno— eran la base de la economía y la alimentación del antiguo Egipto, razón por la cual Neper recibía culto en prácticamente cada ciudad y templo dedicado a Osiris o Ptah.
Se lo representa como un joven robusto coronado de espigas, a menudo momificado o portando los símbolos de la fertilidad agrícola. Su aspecto juvenil refuerza la idea de renovación perpetua: cada cosecha es su renacimiento, cada primavera su retorno a la tierra. Los campesinos lo invocaban durante la siembra pidiendo protección contra las plagas, las sequías y las inundaciones descontroladas que arruinaban los cultivos.
Su compañera es Nepit, la diosa del maíz, con quien forma un matrimonio divino que refleja la complementariedad de los cultivos. Juntos aparecen a menudo en relieves de ofrendas, recibiendo los homenajes de los difuntos y de los vivos por igual. La relación entre ambos es armoniosa y productiva, una metáfora de la cooperación necesaria para mantener a Egipto alimentado.
El pan y la cerveza que los antiguos consumían cotidianamente llevaban la bendición de Neper. Por eso en las tumbas se depositaban imágenes suyas, se recitaban sus nombres en las ceremonias funerarias y se le rendía un culto tan sincero como el que recibían los grandes dioses del panteón. Sin Neper, el Nilo podría inundar, pero el estómago de Egipto estaría vacío.