Diosa volcánica del Etna
Aetna es una ninfa de los tiempos antiguos, hija de Urano y Gea, lo que la sitúa entre las deidades más primordiales de la cosmología griega. Su dominio específico es el Etna, el famoso volcán de Sicilia, uno de los fenómenos naturales más espectaculares del mundo conocido por los antiguos griegos. Como diosa volcánica, Aetna presidiría sobre las fuerzas subterráneas que generan la erupción y el fuego de la montaña.
Lo que resulta notable es que, aunque el Etna es una característica prominente del paisaje mediterráneo, Aetna es de esas deidades que no acaparó la atención mitológica. No tenemos relatos de sus aventuras, sus amores o sus conflictos como tenemos de otros dioses y diosas. Su existencia parece haber sido más bien localizada y específica: una presencia divina vinculada a un lugar particular, más que una figura de alcance panhelénico.
En cierto sentido, Aetna representa una categoría especial de deidades menores: aquellas que personifican lugares concretos. Así como cada río tenía su dios fluvial y cada bosque sus ninfas de los árboles, el Etna tenía en Aetna su manifestación divina femenina. Su legado es el de la geografía divinizada, el reconocimiento de que los lugares magníficos y peligrosos del mundo merecían ser reconocidos como habitados por inteligencia y poder divino.