Dios de las moscas y de los mosqueros
Miágro es un dios tan especializado que apenas tenía función alguna excepto en circunstancias muy específicas. Era el dios de las moscas, o más precisamente, de ahuyentarlas, especialmente durante los sacrificios religiosos importantes. Cuando un rey llevaba a cabo un holocausto en honor de los dioses, Miágro era el encargado de mantener alejadas a las moscas que de otro modo hubieran arruinado la ceremonia.
En un mundo antiguo sin insecticidas ni medios modernos de control de plagas, las moscas eran verdaderas plagas. Portaban enfermedad, contaminación y muerte, convirtiendo cualquier alimento o herida en un vector de infección. Para los griegos, una plaga de moscas era una de las mayores maldiciones posibles, una calamidad que podía devastar ciudades enteras. Por eso era necesario tener un dios especializado en su control.
Curiosamente, la tradición de los demonios con nombre «Beelzebú», que significa « señor de las moscas » en hebreo, tiene conexiones de largo alcance en la mitología. Miágro representa la idea de que incluso los insectos menos nobles requieren supervisión divina, que el universo es tan ordenado que alguien debe estar encargado incluso de las moscas.
Su culto es casi tan insignificante como su divinidad: apenas hay templos dedicados a él y prácticamente ningún mito lo acompaña. Es un dios de función, no de leyenda, un ejemplo menor pero perfecto de cómo los griegos construyeron un panteón lo suficientemente grande para cubrir incluso los aspectos más triviales de la existencia cotidiana.