El robusto corcel alado de los dioses
También conocido como Pegasos.
Pegaso es el más célebre de los caballos del mundo mitológico: un corcel blanco con alas de águila, símbolo de la belleza sobrenatural y la velocidad sin límites. No es de extrañar que dioses y héroes se disputaran el honor de montarlo. Su origen es tan extraordinario como su naturaleza: nació de la sangre que brotó del cuello degollado de Medusa cuando Perseo la decapitó.
El propio Perseo fue el primero en cabalgar a Pegaso, usándolo para alcanzar el Olimpo tras derrotar a la Gorgona. Belerofonte, otro de los grandes héroes griegos, también lo robó para su propia gloria. Subido en el lomo del corcel alado, Belerofonte enfrentó a la Quimera y realizó hazañas imposibles, hasta que la soberbia lo perdió. Zeus, irritado por su ambición, envió una simple mosca para picar al caballo; Belerofonte cayó desde las nubes.
Tras aquella caída, Pegaso quedó bajo el dominio de Zeus, quien lo domesticó con una mezcla de ternura y autoridad divina. Se dice que le ofreció ambrosia y un trozo de azúcar para ganarse su lealtad. Desde entonces, el caballo alado sirvió como montura del rey del Olimpo, tirando de su carro en los cielos cuando Zeus quería descender a la tierra o simplemente disfrutar de un paseo celestial.
En sus años finales, Pegaso encontró paz en el Olimpo como guardián de las Musas, inspirando a poetas y artistas con su sola presencia. Su imagen se convirtió en símbolo de la inspiración poética y de todo aquello que trasciende lo ordinario, perdurándo a través de los siglos como emblema del arte y la imaginación sin fronteras.