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Dioses y Diosas

Syrinx

Espíritu griego

Ninfa que deja a Pan jugar con su órgano

Sirinx fue una ninfa de los bosques que atrajo la atención de Pan, el dios salvaje de las montañas y los pastores. Pan, con su naturaleza impulsiva y sus deseos carnales, la persiguió sin tregua, y la ninfa, aterrada, huyó de sus brazos buscando cualquier escapatoria. Su fuga la llevó hasta las orillas de un río, donde se vio acorralada sin forma de seguir adelante. Desesperada, suplicó a los dioses que la salvaran de la persecución del dios. Los dioses, apiadándose de ella, la transformaron en un juncal, una caña que brotaba de las aguas del río.

Pan llegó a donde habían estado sus talones, pero se encontró solo con plantas. Frustrado, comenzó a arrancar los juncos, y en un impulso de deseo residual, comenzó a besarlos y acariciarlos, tratándolos como si fueran la ninfa que buscaba. Pero el sonido que producía al respirar sobre ellas cambió su enfado en fascinación. Los juncos emitían sonidos hermosos, cada uno con un tono distinto. En aquella transformación involuntaria, Sirinx había encontrado una nueva forma de ser, y Pan, genio del instante, comprendió que tenía entre las manos algo precioso.

Del ingenio de Pan surgió un instrumento nuevo, la flauta de siete cañas que llevaría el nombre de Sirinx y que los griegos conocerían como siringa. Las cañas de diferentes alturas producían melodías distintas, y Pan se convirtió en el músico virtuoso que tocaba las flautas Pan. Sirinx, convertida en música, alcanzó una clase de inmortalidad: su nombre y su forma perdurarían en cada nota que Pan tocaba, en cada melodía campestre que los pastores griegos entonaban en sus montes.

Otra ficha al azar