Sirenas que son la perdición de los jóvenes
También conocida como Ondines.
Las Ondinas (o Undinas) eran espíritus acuáticos que personificaban la mala suerte y el peligro que acechaba a los mortales cerca de las aguas. Ninfas del agua con formas hermosas pero naturaleza traicionera, capaces de aparecer y desaparecer como el agua misma, las Ondinas eran objeto de fascinación y temor en la mitología griega y posteriormente en toda Europa. Eran seres sobrenaturales de poder considerable, maestras del elemento acuático, con la capacidad de manipular corrientes y causar naufragios con su voluntad.
Lo que hacía a las Ondinas particularmente peligrosas era su interés en los mortales, especialmente en los jóvenes hombres hermosos. Se dice que podían enamorarse de los marineros o de quienes pasaban junto a las aguas, y su « amor » era devastador. Seducían a los mortales llevándolos a las profundidades, donde los ahogaban, o provocaban desgracias en sus hogares. Las relaciones entre hombres y Ondinas siempre terminaban mal: tragedias familiares, pérdidas económicas, muertes prematuras. Eran, en esencia, el símbolo del peligro que representa el agua: hermosa desde la distancia, pero letal para quien no la respeta.
Las historias de Ondinas se originaban en la sabiduría práctica de pueblos que vivían cerca del agua: el río, el lago o el mar podían matar a quien fuera desprevenido. Las Ondinas personificaban esa advertencia, esa comprensión de que la naturaleza, aunque hermosa, era fundamentalmente indiferente a la supervivencia humana. Los griegos las veían como recordatorio de por qué no debía confiarse completamente en los espíritus de la naturaleza, sin importar cuán atractivos pudieran parecer.