Antigua y oscura deidad del Oráculo
También conocido como Rimac.
Rímac, cuyo nombre significaba «El que Habla», fue una deidad orácula enigmática de la religión inca. Ubicado en el río Rímac cerca de lo que hoy es Lima, operaba como intermediario entre el mundo mortal y el divino, ofreciendo consejo y revelación a aquellos que se acercaban a él en búsqueda de verdad. Sin embargo, la naturaleza de sus pronunciamientos era tan enigmática que se presume que respondía solamente a preguntas específicas formuladas de forma apropiada, en tono reverente, y bajo condiciones rituales precisas.
Aunque el nombre «El que Habla» sugiere una deidad locuaz, las crónicas registran pocas palabras directas atribuidas a Rímac. Esto sugiere que su comunicación no era mediante lenguaje convencional sino mediante signos más sutiles: en el fluir del río, en los sonidos del agua, quizá en manifestaciones sobrenaturales que solo el iniciado religioso podía interpretar. Rímac operaba en la penumbra entre lo audible y lo inaudible, lo comprendido y lo misterioso.
Como dios orácula ubicado en un río específico, Rímac representaba un principio inca importante: que la divinidad no se limitaba a santuarios construidos sino que habitaba sitios naturales sagrados—el río mismo era templo, el agua misma era vía de comunicación divina. Para aquellos que se acercaban a Rímac con respeto y las preguntas correctas, él ofrecía respuestas; para otros, el río guardaba sus secretos.