Desagradable Dios Inca de la Muerte
Supay fue el dios inca del más allá, gobernador del inframundo y de los reinos subterráneos donde residían los muertos. Su naturaleza era formidable e inquietante: los incas lo temían profundamente, considerándolo una presencia amenazante que podía emerger en cualquier momento desde las profundidades de la tierra para reclamar a los vivos. Supay no era únicamente psicopompo benevolente que guiaba al muerto hacia su descanso final, sino una fuerza activamente peligrosa que merodeaba el mundo de los vivos, capaz de arrebatar vidas de forma prematura o injusta.
Según la tradición, Supay tenía particular interés en los bebés recién nacidos. Subía desde el inframundo bajo tierra para acercarse a los infantes, atraído por la nueva vida que palpitaba en ellos. Esta obsesión con los bebés era fuente constante de terror para las familias incas: ¿venía Supay a llevarse al niño? ¿Era su fascinación meramente curiosidad o intención predatoria? Sin embargo, aunque Supay miraba frecuentemente a los bebés, rara vez aceptaba peticiones de cuidarlo—su interés era apenas comprensible, sus motivaciones incomprehensibles para los mortales.
El culto a Supay era fundamentalmente defensivo: mediante ofrendas rituales y oraciones protectoras, los incas intentaban mantener al dios del inframundo satisfecho y alejado de sus seres queridos. Supay no era adorado con esperanza sino con temor reverente, el tipo de devoción que brota cuando se reconoce que una deidad tiene poder absoluto y voluntad incomprensible.