Diosa de ser el Cielo
Dawn es la diosa iroquesa del cielo, una deidad de magnitud cósmica cuyo cuerpo mismo constituye la bóveda celeste que se extiende sobre el mundo. Es enorme, como debe serlo una diosa que es simultáneamente el cielo entero, y sus ciclos naturales se expresan en el comportamiento de la atmósfera: se levanta muy temprano cada mañana para dar comienzo al día, manteniendo el ritmo de la existencia terrestre.
En el centro de la frente de Dawn se encuentra incrustada una gema extraordinaria: la figura transformada de Gendenwitha, la princesa iroquesa que amaba al cazador Sosondowah. Esta presencia permanente en la frente de la diosa del cielo convierte a Gendenwitha en lo que los iroqueses conocen como la Estrella de la Mañana, un cuerpo celeste que brilla con especial intensidad en el amanecer. Cada mañana, cuando Dawn abre los ojos, la luz de Gendenwitha se proyecta sobre la tierra, anunciando el nuevo día.
La relación entre Dawn y Gendenwitha es compleja y refleja los conflictos que caracterizan la mitología iroquesa. Gendenwitha fue maldecida para eternidad a permanecer visible pero inalcanzable en el cielo, sirviendo como joya en la frente de la diosa del cielo. Esta transformación fue el castigo que Dawn infligió al presenciar la relación amorosa prohibida entre Gendenwitha y Sosondowah, quien servía como guardia celestial en el reino de Dawn.
Como deidad, Dawn representa tanto la importancia del cielo en la cosmovisión iroquesa como la idea de que las fuerzas cósmicas actúan constantemente en el mundo de los humanos. Su levantamiento diario no es automático sino una acción deliberada que mantiene el orden del universo. Sin Dawn cuidando el cielo y cumpliendo su deber de amanecer cada mañana, la tierra caería en oscuridad perpetua.