Dios de la viruela
Hoso-No-Kami es una deidad sintoísta cuyo dominio es particularmente desagradable: es el kami de la viruela y de otras enfermedades de la piel que han asolado a las poblaciones humanas a lo largo de la historia. Su nombre literalmente significa « kami de la viruela», lo cual es directo y sin disimulo. No es un dios de sanación, sino de enfermedad, de contagio, de la degradación física que la viruela causa.
La viruela fue una de las plagas más devastadoras en la historia de Japón, así como en el resto del mundo. Llegó en oleadas epidémicas que arrasaban ciudades enteras, dejando a los sobrevivientes desfigurados y a menudo ciegos. En una época donde la medicina era primitiva y los remedios ineficaces, la gente buscaba explicaciones sobrenaturales para la aparición y propagación de la enfermedad. Hoso-No-Kami encarnaba esa fuerza invisible pero ubicua que traía dolor y muerte.
A diferencia de otros kami que podían ser adorados esperando bendiciones, Hoso-No-Kami era principalmente apaciguado. Se realizaban rituales para evitar su atención, ofrendas para desviar su ira. No era un dios al que se rezaba buscando favores, sino un dios al que se temía y se intentaba alejar. Su presencia en el panteón sintoísta refleja una comprensión madura de que el universo contiene fuerzas que existen simplemente para causar daño, sin propósito moral aparente.
La veneración o el reconocimiento de Hoso-No-Kami es un aspecto oscuro de la religión sintoísta: la aceptación de que algunos kami no son benevolentes, y que reconocer su existencia es a menudo el mejor método de defensa disponible contra sus efectos destructivos. Es un dios de la enfermedad, del sufrimiento, y de la mortalidad inevitable que acecha a todos los seres vivientes.