Dios japonés del arroz
Inari es el dios sintoísta del arroz, lo cual puede parecer un dominio menor hasta que se considera que el arroz era, para la sociedad agraria japonesa, absolutamente central para la supervivencia. Más que simplemente el dios que protege los campos de arroz, Inari es guardián de la cosecha, benditor de la abundancia agrícola, y patrono de todos aquellos cuya vida depende de la producción de alimentos. Es, en esencia, el dios de la prosperidad material en su forma más fundamental.
La iconografía de Inari frecuentemente lo muestra de color dorado o resplandeciente, reflejando el color del arroz maduro en el campo. Es una deidad generosa que comprende la precariedad de la vida agrícola: comprende que una mala cosecha puede significar hambre, que el clima caprichoso puede destruir meses de trabajo, que las plagas pueden arrasar campos enteros. A cambio de ritual y veneración apropiada, Inari ofrece su protección y su bendición para que las cosechas sean abundantes.
Inari tiene una esposa de gran importancia: Uke-Mochi, la diosa de la comida y de los alimentos. Aunque juntos parecerían formar una pareja perfecta de abundancia y sustento, los textos mitológicos sugieren una relación complicada entre ellos, cuyos detalles específicos permanecen oscuros o desagradables de describir. Lo que es claro es que su conexión es fundamental: la cosecha de arroz se relaciona directamente con la transformación de alimentos crudos en comida apta para consumo.
Lo característico de Inari es el uso de mensajeros zorros para distribuir sus bendiciones y comunicar sus voluntades a los mortales. Los zorros en la mitología japonesa son seres sagrados con capacidad de transformación, y actúan como intermediarios entre lo divino y lo mortal. A través de sus zorros, Inari mantiene una presencia activa en el mundo de los hombres, vigilando constantemente los campos y asegurando que la abundancia continúe fluyendo hacia quienes lo venerable adecuadamente.