Dios de los tatuajes y de los tatuadores
También conocido como Acat-Cib.
Acat es el dios maya de los tatuajes y patrono de quienes los practican, un oficio que entre los mayas tenía un significado mucho más profundo que la mera decoración corporal. Los tatuajes formaban parte de un sistema ritual complejo mediante el cual los individuos incorporaban símbolos sagrados en su piel, buscando así comunicarse con lo divino y adquirir atributos de los seres sobrenaturales que representaban.
El arte del tatuaje entre los mayas no era para los cobardes. El proceso requería precisión, dolor y dedicación espiritual. Los diseños no eran caprichosos sino profundamente significativos: representaban genealogías, estatus social, afiliaciones religiosas y conexiones con el mundo sagrado. Cuando un maya se hacía tatuar los símbolos de una deidad, literalmente buscaba incorporar algo de la esencia divina en su ser. Acat presidía este acto de transformación, bendiciendo la tinta, las herramientas del tatuador y, lo más importante, guiando sus manos durante todo el proceso para garantizar que los símbolos sagrados se trazaran con precisión absoluta.
Los tatuadores, en su condición de especialistas de un arte sagrado, se consideraban a sí mismos como instrumentos de Acat en la tierra. No eran simples artesanos sino intermediarios rituales cuyo trabajo contribuía a la conexión entre el mundo humano y el divino. Un error en el trazo no era solo un fallo técnico; representaba una falta de comunicación entre el tatuador y lo sagrado, una potencial ofensa a los dioses cuya imagen se estaba grabando permanentemente en la carne humana.