El Dios de los humanos de buena fe y de las personas auténticas
También conocido como Hacha-Kyum, Hachacyum.
Hachakyum es el dios supremo creador de los mayas lacandones, una deidad cuyo dominio se circunscribía específicamente a la creación y el cuidado de su propio pueblo. Su relación con sus fieles era claramente tribal y particularista: mientras otros dioses mayas tenían autoridad sobre dominios cósmicos universales, Hachakyum gobernaba y protegía específicamente a los lacandones que lo adoraban, considerándolos a ellos como genuinamente humanos en un sentido que otros pueblos no lo eran.
Lo que revela mucho sobre la mentalidad de los lacandones es su categorización particular de la humanidad. No consideraban a todos los seres humanos como iguales sino como distintos tipos de criaturas. Los lacandones genuinos, aquellos que adoraban a Hachakyum y vivían según sus enseñanzas, eran los verdaderamente humanos, la especie auténtica. Todos los demás —otros pueblos mayas, europeos posteriores, personas de culturas distintas— eran categorías diferentes de seres, posiblemente menos completamente humanos en su comprensión cosmológica. Hachakyum era el dios que había creado a los verdaderos humanos, a su pueblo, mientras que su hermano Ac Yanto se encargaba de todas esas otras criaturas inauténticas que aparecían por el mundo.
Esta división de responsabilidad divina refleja un parochialismo que era común en muchas culturas antiguas: la idea de que tu propio pueblo era especial, elegido, más cercano a los dioses que otros. Los lacandones llevaban este concepto a un extremo: si eras lacandón, tenías un dios dedicado específicamente a tu creación y bienestar. Si no lo eras, bueno, esa era responsabilidad de una deidad de segundo nivel.
Hachakyum, en su rol de dios de los auténticos mayas lacandones, era venerado con particular fervor entre su pueblo. Era el garante de su existencia, el creador que había dado forma a la verdadera humanidad, el protector que distinguía a su pueblo del resto del universo. Su presencia en la mitología lacandona revela cómo las religiones locales podían especializarse no solo en funciones cósmicas sino en lealtades tribales específicas.