Gran Diosa Madre Serpiente de la Fertilidad
Bachue es una de las deidades más antiguas y fundamentales de la mitología muisca, la gran Diosa Madre cuya esencia es primordial y serpentina. Según el relato sagrado, en los tiempos de la creación, cuando el mundo aún era agua primigenia, Bachue emergió del Lago Sagrado en forma de una gigantesca serpiente. Pero a medida que ascendía desde las aguas, su naturaleza se transformó: la serpiente adquirió forma humanizada, y su cuerpo desenvolvió toda la fertilidad inherente a una deidad-madre. De ella emanaba la vida potencial, encarnada en su capacidad reproductiva.
Bachue dio a luz a un hijo concebido sin intervención masculina, acto que marca el poder absoluto de esta deidad originaria. Pero el mito no se detiene en este acto de creación solitaria. Cuando su hijo hubo alcanzado la madurez, Bachue tomó la decisión de unirse con él en un acto que, en el contexto mitológico muisca, no representa depravación sino el mecanismo cósmico mediante el cual la humanidad fue engendrada. De esta unión entre la Diosa Madre y su descendencia surgió una explosión demográfica, una multiplicación sin fin de seres humanos que poblaron las tierras altas de los muiscas.
Cumplida su función, completado su rol en la cosmogonía, Bachue y su hijo emprendieron el regreso a las aguas sagradas del lago de donde habían venido. Según la tradición muisca, ambos se sumergieron lentamente, desapareciendo en las profundidades. Pero su desaparición no fue anulación sino transfiguración: Bachue continuó existiendo como espíritu de fertilidad, como presencia vivificante en las aguas que sustentaban a su pueblo. En las cascadas y en los ríos, en la lluvia que hace crecer las cosechas, persiste Bachue, la serpiente primordial que dio origen a toda la humanidad muisca y que permanece eternamente fecunda.