El Dios del tiempo generalmente desagradable
También conocido como Cociyo, Gocio, Loçio, Lociyo.
Cocijo ocupa un lugar preeminente en el panteón zapoteco como deidad multifacética cuyo dominio principal radica en la lluvia, elemento vital para las civilizaciones agrarias del Valle de Oaxaca. Sin embargo, sus poderes trascienden la simple precipitación: Cocijo también controla el rayo, ese fenómeno destructivo y a la vez purificador que trae tanto devastación como el riego indispensable para los campos de maíz. Algunas fuentes sugieren incluso que ocasionalmente interviene en actos de creación cósmica, atribuciones extraordinarias que lo sitúan apenas por debajo de las deidades supremas responsables de la existencia misma.
Visualmente, Cocijo resulta inconfundible y profundamente intimidante: lleva una cabeza de jaguar, ese depredador fiero de las tierras mesoamericanas que encarna el poder absoluto, la depredación y la autoridad sobrenatural. Su rasgo más distintivo es una lengua bifurcada y serpenteante que se asemeja a serpientes entrecruzadas, estructura que le proporciona el poder de generar múltiples rayos simultáneos. Esta lengua no constituye mero adorno, sino un instrumento funcional de su dominio sobre las tormentas eléctricas.
En la iconografía ceremonial zapoteca, Cocijo se vincula estrechamente con el Glifo C y aparece recurrentemente en urnas ceremoniales, evidencia de su importancia capital en rituales fúnebres y celebraciones sagradas. Su presencia en objetos de barro trabajado demuestra la importancia que los zapotecas otorgaban a su culto. Aunque podría confundirse superficialmente con otras deidades de tormenta mesoamericanas como Tlaloc o Chac, cada una representa una interpretación única de fuerzas naturales análogas dentro de sus respectivas tradiciones.
Cocijo mostraba disposición a otorgar a los zapotecas las lluvias que sus cultivos necesitaban para prosperar, pero su magnanimidad tenía un precio exigente: demandaba sacrificios humanos como pago por sus bendiciones. Para un pueblo cuya supervivencia dependía de manera absoluta del agua, semejante precio parecía un tributo justo que pagar a los dioses.