El pequeño oso
También conocido como Arkas.
Arcas fue el hijo de Zeus y Callisto, una bella ninfa que había sido seguidora de Artemisa. Su nacimiento fue el resultado del deseo irresistible de Zeus, quien, como era su costumbre, no pudo resistirse ante la belleza de una joven mujer. Lo que siguió fue una tragedia de múltiples capas que marcó la vida del pequeño Arcas desde su primer momento en el mundo.
Su madre Callisto fue maldecida por Hera, la vengativa esposa de Zeus, y transformada en una osa como castigo por haber sido seducida por su marido. El pequeño Arcas quedó huérfano de su madre en su forma humana, confiado al cuidado de su padre divino. Sin embargo, su infancia fue una pesadilla continua. En una ocasión fue capturado por el rey Licaón, quien, en un acto de locura impía, mató al niño, lo cortó en pedazos y sirvió los trozos en una comida a los dioses como una prueba blasfema de sus poderes culinarios.
Zeus, al descubrir lo que le había sucedido a su hijo, entró en una furia sin precedentes. Resucitó a Arcas, devolviéndolo a la vida en su totalidad. Luego, en venganza, transformó al rey Licaón en un lobo, condenándolo a vagar eternamente en forma bestial como castigo por su sacrilegio. Licaón se convirtió en la primera víctima de la licantropía, transformación que pasaría a la leyenda como una maldición eterna.
Arcas creció para convertirse en un gran cazador y posteriormente en rey de Arcadia, la región que tomó su nombre. Su vida estuvo marcada por la ironía trágica: durante uno de sus viajes de caza, se encontró persiguiendo a una osa que no sabía era su propia madre, Callisto, atrapada en aquella forma animal. En el momento crucial antes del fatal encuentro final, Zeus intervino para salvar a ambos de este encuentro apocalíptico. Levó a la madre y al hijo al cielo, transformándolos en constelaciones: Callisto se convirtió en la Osa Mayor y Arcas en la Osa Menor, juntos en el firmamento por toda la eternidad.