La señora Zeus, diosa del matrimonio y reina de los dioses
Hera era la reina suprema del Olimpo, esposa de Zeus y diosa del matrimonio, la fidelidad y el nacimiento. Su posición como señora de los dioses le confería autoridad sobre los asuntos celestiales y terrenales, aunque su reinado estuvo marcado por la constante frustración causada por las innumerables infidelidades de su marido. Mientras Zeus se entregaba a romances ilícitos con diosas, ninfas y mortales, Hera permanecía como símbolo del matrimonio fiel, aunque ese rol la convirtiera en víctima de su propio principio.
La infidelidad sistemática de Zeus enfureció a Hera de forma tal que su ira se convirtió en leyenda entre dioses y mortales. Ella no buscaba venganza contra Zeus, pues sabía que su poder era superior, sino que dirigía su furia hacia los hijos ilegítimos de su esposo y sus amantes. Persiguió a Heracles con odio implacable, incluso después de que el héroe completara sus doce trabajos. Hizo sufrir a Semele, amante de Zeus, incitándola a demandas fatales. Su celos no conocían límites ni misericordia.
A pesar de su temperamento vengativo, Hera no era una diosa sin virtudes. Era también protectora de las mujeres casadas y defensora del orden familiar establecido. Su poder era indiscutible: podía desatar tormentas terribles, maldecir linajes enteros y hasta desafiar los planes de Zeus cuando creía que la justicia lo exigía. Los dioses del Olimpo le temían, pues sus rencillas con Zeus hacían temblar las montañas sagradas.
Los griegos la representaban como una mujer majestuosa coronada, frecuentemente acompañada del pavo real como símbolo de su belleza y orgullo. Su culto era especialmente importante en Argos y en toda Grecia, donde se le ofrecían sacrificios como garante de matrimonios felices y de la continuidad de la familia. Entre los romanos, fue identificada con Juno, conservando su estatus como reina celestial.