Estaba felizmente casada con Cyx, que era hijo de la Estrella de la Mañana pero tristemente mortal
Esta Alcyone era una diosa o ninfa de rango menor que contrae matrimonio con Cyx, un mortal que era hijo de Hesperus, la Estrella de la Mañana. A diferencia de tantas uniones en la mitología griega marcadas por el engaño y la violencia, el amor entre Alcyone y Cyx fue genuino, profundo y mutuo. Vivieron juntos en una dicha que los dioses no suelen permitir a las parejas mortales, compartiendo un afecto que trascendía las diferencias entre lo divino y lo humano.
Sin embargo, cuando Cyx decidió emprender un viaje por mar, rechazó la advertencia de Alcyone, quien presintió algún peligro terrible acechando en las aguas. Ella le suplicó que no fuera, que esperara, que los augurios no eran propicios. Pero Cyx partió de todas formas, confiado en su fortuna. Zeus, quizá ofendido por la pareja que se amaba con mayor sinceridad que él mismo había experimentado jamás, mandó una tempestad feroz que hundió la nave. Cyx pereció en las olas, ahogado en el acto.
Alcyone, esperando en la orilla, recibió la noticia del naufragio como un golpe mortal. Arrasada de dolor, contempló el cuerpo de su esposo traído por las olas. Los dioses, sin embargo, se compadecieron de su sufrimiento —quizá viendo en él algo que habían envidiado antes—, y decidieron no abandonarla a la soledad eterna. Transformaron a ambos amantes en aves: él se convirtió en alcatraz y ella en halcón. Juntos volaron sobre el mar desde entonces, reunidos nuevamente en una forma diferente.
De esta leyenda surge la palabra « alciones» para designar esos períodos de calma invernal cuando el mar descansa. Se decía que durante los doce días del solsticio invernal, el mar se tranquilizaba para permitir que los alciones anidaran y criaran a sus polluelos sin perturbación. Es uno de los pocos mitos griegos donde el amor es reconocido, incluso por Zeus y Hera, como una razón legítima para la clemencia divina.