Amante esposa de Orfeo y una de las dríadas
Eurídice fue una ninfa de extraordinaria belleza, a menudo descrita como una de las Dríadas, aquellas ninfas de los bosques eternamente ligadas a sus árboles protectores. Su destino la cruzó con Orfeo, el legendario músico cuya lira era capaz de cautivar incluso a los corazones más duros de piedra. Orfeo se enamoró de Eurídice con pasión ardiente, y ella correspondió sus sentimientos. Juntos, ambos pasaban días retozando en los bosques, en una unión que parecía bendecida por los dioses. La música de Orfeo hacía que la naturaleza misma se regocijara: los árboles se inclinaban para escuchar mejor, los animales salvajes se aproximaban pacíficamente, los ríos fluían en armonía con sus melodías.
Pero la felicidad fue brevísima. Mientras Eurídice caminaba por los bosques, una serpiente venenosa escondida en la hierba la mordió en el tobillo. El veneno corrió rápidamente por su cuerpo, arrebatándola la vida. Descendió a las sombras del Tártaro, al reino del inframundo donde Hades reina sobre los muertos. Orfeo, enloquecido de dolor, tomó su lira y descendió él mismo a las profundidades infernales, algo que prácticamente ningún mortal se había atrevido a intentar. Su música era tan sublime que hasta el mismo Hades fue conmovido, y accedió a permitir que Eurídice regresara con la única condición de que Orfeo no mirara atrás durante el ascenso.
El regreso fue casi completado, casi perfectamente ejecutado, cuando Orfeo, en un momento de duda y ansiedad, giró la cabeza para verificar que Eurídice lo seguía. Ese giro de cabeza fue fatal: Eurídice fue arrebatada nuevamente a las profundidades, esta vez para siempre. La historia de Orfeo y Eurídice se convirtió en el mito por excelencia del amor que enfrenta límites insuperables, de la tentación que destruye lo que casi se había logrado, de las fronteras que ni siquiera la música más hermosa puede definitivamente trascender.