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Dioses y Diosas

Merope

Espíritu de la estrella griega

La estrella más débil de las Pléyades

Entre las Pléyades, esas siete hermanas que brillan en el cielo nocturno como guardianes de las eras, Merope es la más pálida y tenue. No porque sea menos noble que sus hermanas, sino por razones que la mitología griega explica con una especial crueldad: fue la única Pléyade que cayó en desgracia.

Merope fue la única de las siete que se enamoró de un mortal, Sísifo, quien pasaría a la historia como el hombre condenado a rodar una piedra colina arriba por toda la eternidad. Al haberse casado con un mortal, al vez con uno destinado al castigo, Merope fue castigada con brillar con menor intensidad que sus hermanas. Las antiguas fuentes sugieren que su luz se apagó de puro vergüenza, convirtiéndola en casi invisible para el ojo humano.

Hoy en día, los astrónomos apenas pueden verla en el cúmulo de las Pléyades sin un telescopio, lo que los antiguos griegos interpretaban como una prueba de su transformación. Mientras que Alcione, Electra y sus otros hermanos brillan claramente en la constelación, Merope permanece sumida en una penumbra que es, fundamentalmente, un castigo por el amor.

Su historia representa la crueldad del destino mítico: no es culpa suya haber amado a un mortal y menos aún al mortal concreto al que amó. Sin embargo, en el universo griego, la transgresión de mezclarse con la mortalidad tiene consecuencias que ningún dios o titán puede revocar.

Otra ficha al azar