Ninfa del mar que se transmutó en un monstruo horrible
También conocida como Skylla.
Escila fue originalmente una ninfa marina de extraordinaria belleza, hija de Forcis y Ceto. Vivía en el mar con su familia, disfrutando de los privilegios de su juventud eterna. Su vida cambió dramáticamente cuando fue cortejada por Glauco, un dios marino que se había transformado a sí mismo de mortal a deidad. Glauco estaba profundamente enamorado de ella, pero Escila lo rechazó, quizá asqueada por sus ropas de concha o simplemente no interesada en sus avances divinos.
Devastado, Glauco acudió a Circe, la hechicera, pidiendo un filtro de amor para conquistar a Escila. Pero Circe tenía sus propios planes. Ella misma estaba enamorada de Glauco, así que en lugar de ayudarlo, decidió vengarse de su rival. Circe preparó un brebaje mágico de hierbas oscuras y lo echó en el agua donde Escila se bañaba. La transformación fue horrenda: seis nuevos cuellos largos brotaron de su cuerpo, cada uno coronado con una cabeza horrible llena de dientes venenosos. Sus extremidades se convirtieron en garras de león. Escila se convirtió en un monstruo.
Heracles intentó matarla una vez para recuperar sus bueyes robados, pero Forcis la resucitó. Ahora Escila acecha en una caverna del Estrecho de Sicilia, condenada a existir en aislamiento permanente. Mientras que otros monstruos mitológicos tienen historias de venganza que justifican su castigo, Escila es simplemente una víctima. Fue transformada no por sus propios crímenes sino por ser deseada, por rechazar un amor no solicitado. Su monstruosidad es un recordatorio de cómo la venganza femenina puede ser tan destructiva como cualquier justicia divina.