Una de las Pléyades
Tágete era una de las siete Pléyades, las ninfas nacidas de la unión entre el titán Atlas y la oceánida Pleione. Como sus hermanas, Tágete fue célebre tanto por su belleza como por su conexión con lo divino, habiendo merecido la atención de Zeus mismo, el rey de los dioses. Su nombre evocaba montañas y alturas, apropiado para una figura que parecía existir en la frontera entre el cielo y la tierra, entre lo mortal y lo inmortal.
Los griegos contaban que Zeus se enamoró de Tágete, como lo hizo con varias de sus hermanas, y de esta unión nacieron seres notables en la mitología griega. Tágete, junto con sus seis hermanas, era objeto de veneración especial entre los navegantes y los astrónomos antiguos, quienes rastreaban el movimiento de las Pléyades a través de las noches estelares. Su aparición en el cielo al atardecer o su desaparición marcaban puntos importantes en el calendario agrícola y de navegación.
En el cúmulo estelar conocido como las Pléyades, Tágete ocupa su lugar entre sus hermanas en una unión perpetua que ha perdurado milenios. Los griegos veían en estas siete estrellas próximas un símbolo de la hermandad indisoluble, incluso cuando la transformación las había lanzado al cielo. Su nombre sobrevivió en el mapeo del cosmos antiguo, recordado cada noche clara cuando las Pléyades brillan sobre el horizonte, testimonio eterno de una ninfa cuya historia la llevó de los brazos de Zeus a la eternidad estelar.