Señor del Sol muy activo
Pue Mpalaburu fue el dios toraja del sol, subordinado directo a Pue Di Songi, la deidad suprema que se retiraba en meditación eterna. Mientras su superior delegaba los asuntos cósmicos, Pue Mpalaburu asumía papel de gobernador activo y vigilante del cosmos visible. Era dios de movimiento constante, de existencia manifiesta, de poder que se revelaba públicamente en el cielo cada día. Su identidad estaba indisolublemente ligada al sol: Pue Mpalaburu salía y se ponía con los ciclos diarios, viajaba a través del firmamento, su presencia determinaba la alternancia de luz y oscuridad que estructura toda la vida mortal.
En un aspecto notable de la mitología toraja, el sol mismo era el ojo de Pue Mpalaburu—órgano de visión divina mediante el cual observaba el mundo entero. Esta interpretación transformaba el sol de simple astro a órgano sensorial activo de una deidad. Todo lo iluminado por los rayos del sol estaba siendo visto por Pue Mpalaburu; nada en la Tierra podía ocultarse de este dios solar. Su visión ardiente y constantemente móvil abarcaba toda la realidad terrestre.
Entre los logros más notables de Pue Mpalaburu estaba la creación de los primeros humanos, que según la tradición formó de piedra mediante actos de poder creador. Estos seres de piedra no eran meramente inánimes sino vivos, conscientes, dotados de voluntad. El proceso de crearlos requería precisión y poder extraordinarios, ejecutados por un dios que trabajaba desde su posición ardiente en los cielos.