Una verdadera plaga de Dios
También conocido como Maui-Tikitiki-A-Taranga.
Maui es el semidivino embaucador de la mitología maorí, una figura cuya presencia causa tanta admiración como exasperación entre dioses y mortales. Su vida comienza de forma inauspiciosa: cuando nace, su madre Taranga lo rechaza y lo arroja al mar, considerándolo un despojo. Pero el dios solar Tama-nui-te-ra lo rescata y lo cuelga para que se seque. Eventualmente, en forma infantil, es devuelto a su madre, quien ya ha olvidado que tuvo otro hijo y no lo reconoce. Lo llama simplemente Maui.
Su padre, el dios del inframundo Makeatutara, se complace en su presencia y le otorga un anzuelo mágico llamado Manai-Ka-Lani, que le permitirá pescar lo que desee. Con esta herramienta, Maui no solo pesca peces ordinarios: sus capturas se transforman en islas completas que emergen del océano. Su exhibicionismo y burlería lo convirtieron en personaje notorio entre sus hermanos, quienes inicialmente lo rechazaban pero eventualmente cedían a sus demandas de participar en sus expediciones.
La audacia de Maui no se limitó a la pesca. Enganchó al sol mismo con su red, obligándolo a moverse más lentamente a través del cielo para alargar los días. Jugó con el fuego, robándolo de su abuela Mahuika mediante acoso insistente. En cada acción, Maui exponía una verdad incómoda: que incluso los dioses pueden ser burlados por alguien suficientemente astuto e inescrupuloso.
Su final fue épico y macabro. Convencido de su invulnerabilidad, decidió desafiar a la muerte misma. Intentó recorrer el cuerpo de Hine-Nui-Te-Po mientras dormía, buscando atravesarla de lado a lado. Pájaros asustados trinaron al verlo, despertando a la diosa. Sus piernas se cerraron violentamente. El embaucador fue aplastado, su invencibilidad terminó, su cuerpo nunca volvió a existir.