Cuatro dioses serpientes direccionales de la lluvia
También conocido como Chicchan, God-H, Nik, Sak-Nik.
Chiccan es el nombre colectivo de cuatro deidades serpientes que forman un equipo coordinado de productores de lluvia en la religión maya. Conocidos en el antiguo sistema de clasificación arqueológica como Dios H —la H significando « hissing » o « siseo »—, estos dioses tienen una naturaleza intrínscamente ofídica. Son serpientes divinas, criaturas con cualidades reptilianas que residen en fuentes de agua particulares: lagos, ríos y depósitos acuosos donde germinan las nubes de lluvia.
La estructura de los Chiccan es paralela a la de los Bacabs: así como existen cuatro Bacabs controlando los cuatro puntos cardinales del cielo, también hay cuatro Chiccan asociados con las cuatro direcciones, cada uno con su propio color distintivo. Esta coordinación por dirección no era coincidencia sino un principio fundamental de la cosmología maya: todo lo importante en el universo se organizaba según los cuatro puntos cardinales, creando un equilibrio perfecto entre norte, sur, este y oeste. Los Chiccan mantienen esta estructura coordinada, asegurando que el sistema de distribución de lluvia funcione en armonía con el orden cósmico.
La naturaleza de los Chiccan como productores de lluvia es particular: crean las nubes desde el fondo de sus lagos sagrados. Este proceso no es pasivo sino activo: literalmente están fabricando el vapor de agua, los procesos nubosos que eventualmente depositarán lluvia sobre la tierra. Son trabajadores incesantes en la máquina climática del mundo maya, operando desde sus dominios subacuáticos para garantizar que la lluvia llegue cuando sea necesaria.
El número nueve tiene importancia especial para los Chiccan, un detalle que sugiere una conexión con ciclos de tiempo más amplios. En la cosmología maya, el nueve era un número sagrado asociado con varios ciclos religiosos. El vínculo entre los Chiccan y este número podría indicar que sus actividades seguían patrones temporales específicos, que su producción de lluvia respondía a ciclos de nueve días o novenas unidades de tiempo mayores.