Choccie Dios de los comerciantes y de la venta
También conocido como Ek Chuaj, Ek-Chuuah, Ekchuah, God M.
Ek Chuah es el dios maya de los comerciantes, el cacao y el comercio, una deidad cuya importancia creció exponencialmente a medida que el comercio se volvió más importante en la sociedad maya. Su nombre puede interpretarse como « dios negro » o « dios de la oscuridad », una denominación que refleja su pigmentación característica: es típicamente representado en color marrón oscuro o negro, tonalidades que evocaban tanto la negrura de la noche como el color del grano de cacao que patrocinaba.
Originalmente, Ek Chuah era una deidad asociada con el conflicto y la guerra, pero con el tiempo su rol evolucionó para enfatizar su aspecto como dios de los comerciantes. Este cambio refleja un fenómeno común en la religión maya: los dioses podían tener múltiples dominios que aparentemente no estaban conectados pero que hacían sentido dentro de la lógica divina. Un dios que originalmente regía el conflicto podría transformarse en un dios que supervisaba los tratos comerciales agresivos, donde el « conflicto » tomaba una forma más mercantil.
Ek Chuah es conocido en el antiguo sistema de clasificación arqueológica como Dios M, donde la M significaba « Merchants » (comerciantes). Se le representa con características faciales muy particulares: ojos con bordes negros muy marcados y lo que podría ser una nariz prominente o un labio caído, características que lo hacían visualmente distintivo e inconfundible en los códices. A pesar de estas características faciales que podrían parecer poco atractivas, Ek Chuah era venerado porque tenía « verdadero olfato para los negocios »: podía identificar oportunidades comerciales y guiar a sus fieles hacia la prosperidad.
El dominio de Ek Chuah sobre el cacao es particularmente importante. En la sociedad maya, los granos de cacao no eran simplemente un alimento sino una moneda de gran valor. Ek Chuah, como patrón de esta preciosa sustancia, influía indirectamente en la economía entera. Los comerciantes le hacían ofrendas antes de viajes comerciales peligrosos, esperando que los protegiera y asegurara ganancias en sus transacciones. Era un dios pragmático, interesado en resultados comerciales concretos más que en abstracciones teológicas.